Archive for 23 febrero 2012

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¿5 000 palabras al día a 0,05 euros por palabra?

23/02/2012

¿5 000 palabras de traducción inversa especializada al día a 0,05 euros por palabra y en fin de semana?

El otro día necesitaba un traductor para realizar una traducción de español a inglés sobre unos textos especializados.

Pregunté a otros colaboradores, a gente en la que confío, a amigos traductores que siempre me han dado buenas referencias y, como el tiempo apremiaba, pregunté también en dos listas: la de Asetrad y la de Traducción en España.

Uno esperaría que en esas listas la gente sea seria y profesional. Pues, parece ser que no es del todo así. Sorprendentemente, casi todos los traductores que me contestaron eran españoles con tarifas de entre 5 y 9 céntimos por palabra, y ni siquiera estaban especializados en el campo que yo solicitaba. La que más tenía, se había sacado el CPE. Y yo me pregunto, ¿la gente no se da cuenta de que con tener el Proficiency no basta para traducir al inglés? Yo puedo entender que alguien realice traducciones inversas, pero con clientes directos y en casos concretos que os contaré en otra ocasión, pero vamos mejor al asunto de las palabras y las tarifas.

¿Qué calidad se puede esperar del trabajo de una traductora que dice poder realizar 5 000 palabras de traducción inversa especializada al día? ¿No se da cuenta de que, con esa presentación, sólo consigue vetar su currículum para posibles proyectos futuros de su combinación y especialidad? Cuando a mí me llega una respuesta a una oferta de trabajo como la que da nombre a este artículo, directamente me apunto «no llamar nunca a esa persona». A no ser que sea una superwoman, claro. Pero una superwoman que puede hacer 5 000 palabras de traducción inversa especializada al día y que sea un trabajo bueno es imposible que las cobre a 5 céntimos por palabra. ¿Por qué? Porque si alguien puede realizar esa cantidad de trabajo al día y de calidad, es que es un superdotado, un fuera de serie y, por tanto, no sería tan tonto (porque los superdotados, por norma general, son inteligentes) de cobrar tan poco.

No comprendo cómo la gente se quiere tan poco. Comprendo que el hambre aprieta y, si no hay más opción, entiendo que se cojan trabajos por poco dinero. Yo lo he hecho. Yo mando mi tarifa a la agencia y, si me dicen que sólo me pueden pagar una cantidad determinada, sopeso la situación: «¿tengo algo mejor que hacer?» Si no tengo otra cosa, pues igual cojo esos 5 o 6 céntimos por palabra. Pero no le doy la tarifa desde el primer momento. Yo tengo una tarifa y ellos deben saberlo. Otra cosa es que, por las circunstancias, yo acepte ese proyecto concreto a un precio inferior al mío habitual. Y eso hay que explicárselo al de la agencia. Para mí es importante que sepa que se lo cojo porque no tengo nada mejor que hacer. Y que le daré prioridad a las agencias que piensan en sus proveedores de servicios. Entonces, muchas agencias dirán que ellas piensan en nosotros. Vale, pues daré prioridad a las agencias que piensen en los traductores y que, además, sepan negociar mejor sus tarifas con sus clientes.

Si soy yo la que recibe la tarifa por parte del traductor y es del estilo de la que he mencionado, algo me olerá mal. O acaba de empezar y no tiene la calidad que yo busco ni los recursos para conseguirlo, o es malo. ¿Y qué hace el que acaba de empezar y no tiene la experiencia que yo necesito? Ese tiene que buscarse la vida. Tiene dos opciones: una es decirme la verdad; que es recién licenciado y necesita revisión por lo que podemos acordar una tarifa que permita buscar a un revisor. La otra es que se busque él le revisor. De ese modo, sigue ofreciendo a la agencia un trabajo de calidad y, aunque gana poco, puede tomárselo como unas «prácticas» ya que, gracias a la revisión del otro traductor, aprenderá.

Y luego está el asunto del recargo por urgencia o por trabajar el fin de semana. Sí, sí. Mi oferta implicaba trabajar el fin de semana. Y la oferta de la traductora, iba a trabajar en fin de semana a 0,05 euros por palabra. Qué caña. Pues, sí, señores, la gente cobra recargos por urgencia y por fin de semana. Hay que pedirlo. Y el cliente debe pagarlo. Si no lo hace es que la agencia no ha sabido negociar bien con él. ¿Qué ocurre si perdemos las llaves de casa y tenemos que llamar a un cerrajero de urgencia un jueves a las 23 horas? Que nos cobra más de lo que nos habría cobrado si le llamamos 5 horas o dos días antes. Pues aquí pasa los mismo. El trabajo extra hay que cobrarlo. Obviamente no siempre funciona así, pero eso sería lo ideal. Ahí, una vez más, la agencia tiene que saber hacerse respetar por el cliente.

En fin, que tenemos que aprender a valorarnos más, a querernos más y a ser más profesionales. Y podría decir más cosas sobre este asunto, pero son las 9 de la noche y me voy a hacer la cena. Otro día más. 🙂

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Un toque de humor

16/02/2012

No he podido evitarlo. Mi amiga Mariana ha puesto esto en su Twitter y yo no tengo más remedio que tomarlo prestado. 😉

Por cierto que, aunque estudió traducción, Mariana no trabaja en este campo. De hecho, no le gusta nada. Pero tiene un blog que, si bien no tiene nada que ver con la traducción, tiene entradas muy divertidas (y reales, que es lo mejor de todo). Eso sí, a veces hay que tener un poco de sentido del humor para reírte con ella. Aquellos que queráis dejar de pensar en la traducción por un rato, daos un paseo por Dentro de mi maleta, el blog de Mariana Crespo. (Os recomiendo empezar por el principio.)

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¿Puede un traductor autónomo «competir» con una agencia de traducción?

10/02/2012

Ya que el blog va más o menos enfocado a la coordinación, empezaremos por la pregunta básica, ¿no?

Y la respuesta, obviamente, es sí. De hecho, yo lo hago. ¿Y cómo se hace esto? Pues haciendo lo mismo que la agencia. Coordinando y organizando.

Lo primero que hay que hacer es no decir «no» cuando un cliente te pida que traduzcas algo, por ejemplo, de español a francés. Le dices que sí, que no se preocupe, que tú se lo organizas. No conoces a nadie (ojo, eso no se lo dices), pero tienes contactos porque te mueves entre traductores, estás en asociaciones (de eso hablaremos otro día) y, además, no es una combinación tan complicada, así que tienes los medios para proporcionar al cliente un buen trabajo. (Lo de las combinaciones difíciles lo dejamos también para más adelante.)

Luego estableces las tarifas. Ay, amigo. Las malditas tarifas. En el congreso de Salamanca de Asetrad de 2008 ya lo comenté: a los traductores hay que pagarles tarifas justas. (Y a los clientes también hay que cobrarles tarifas justas.) Y, además, el coordinador también debe llevarse su parte ya que, a fin de cuentas, está prestando un servicio a un cliente: este ya no tiene que ir llamando y buscando traductores, algo que sin duda le quitará un tiempo muy valioso para él; las dudas te llegan a ti por lo que haces de filtro y, por tanto, al cliente le llegan muchas menos dudas y se ahorra tiempo; y, además, confía en ti y sabe que le vas a dar un buen servicio ya que tienes los contactos para conseguir gente preparada para proporcionarle un buen servicios.

Apunte sobre las tarifas: hay que hacerse respetar, así que no se debe tener miedo a que el cliente nos rechace por el precio. Muchos lo harán, pero esos clientes no nos convienen. A mí me pasa de vez en cuando (y eso que no tengo las tarifas más altas del mercado, ni mucho menos). Pero el cliente que paga tarifas justas es el que valora y respeta tu trabajo.

Luego hay que buscar. Preguntas a los que traducen del francés que te den confianza y sepas que son buenos profesionales, y ellos seguro que te dan varias opciones muy válidas. Al menos a mí eso me ha funcionado hasta la fecha. También puedes acudir a las listas pero, ojo, esto es bastante más arriesgado. Y, por otro lado, están las asociaciones. Aunque lo más seguro son los colegas en quienes confías. Y lo mismo pasa para contratar al revisor.

El plazo. Es importante pedir al traductor y al revisor un plazo de entrega y añadirle un margen por si surge algún inconveniente. Eso siempre que al cliente no le urja. Si al cliente le urge, tendremos que ser nosotros quienes establezcamos el plazo de entrega.

En caso de urgencia, la idea de aplicarle un recargo no es nada descabellada, y os aseguro que, si realmente es urgente y valoran tu trabajo, lo pagarán. Todo proyecto que suponga que el traductor tenga que estar delante del ordenador más de 8 horas o durante el fin de semana requiere un recargo. Esa es la teoría, otro día hablaremos de la práctica y de modos de no perder un cliente por ese motivo.

Y así funciona esto. ¿Qué diferencia hay con una agencia? Principalmente que la agencia tiene que pagar una oficina y al personal así que necesita un margen más amplio. Esto no significa que tengáis que poner un margen más bajo. ¡Ni hablar! Si establecéis un margen más bajo, vendrá otro que lo bajará un poquito más y, al final, trabajaréis por dos duros y explotando a los traductores. Aprovechad que las agencias necesitan un margen un poco superior al que os haría falta para ponerlo vosotros también. No compitáis por precio, competid por calidad del servicio.

«Pero es que la agencia tiene muchos contactos.» Bueno, no todas las agencias tienen tantos contactos. Y, aún así, ¿cómo creéis que empezaron ellas? Pues igual, con uno o dos traductores autónomos a los que subcontrataban las traducciones. Esto va poco a poco.

Lo sé, no es que el artículo sea el más amplio sobre el asunto, pero aquí hay mucho que sacar así que volveré a tratarlo más adelante, cuando esté más metida en esto del mundo de los blogs.

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Aquí llego

10/02/2012

Llevo tiempo pensando que tal vez sería buena idea tener mi propio blog. El último año ha sido muy complicado y me he desentendido un poco del mundo de la traducción. Pero hay que superar las dificultades y, poco a poco, he ido recobrando la ilusión así que, aquí estoy. A ver si consigo mantener este blog e ir contando cosas que me ocurran y que se me ocurran sobre el maravilloso mundo de la traducción y su coordinación. 🙂

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