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La temida traducción inversa

30/03/2012

Pues sí, y tan temida, porque anda que no crea inseguridades. Normal porque, salvo que seas bilingüe de verdad, pero de verdad de la buena, lo de las traducciones inversas son una temeridad… casi siempre.

Como ya comenté en la entrada de las cinco mil palabras a cinco céntimos de traducción inversa, cuando busqué traductores en las listas de Asetrad y de Traducción en España, la gente no fue lo seria que yo creo que deben ser en esas listas. Para mi sorpresa, casi todos los traductores que me contestaron eran españoles y ni siquiera constaba en su CV que fuesen bilingües. ¡Qué atrevidos me parecieron todos!

Yo puedo entender que alguien realice traducciones inversas en casos concretos que comentaré enseguida, pero no entiendo cómo un traductor tiene la valentía (o más bien osadía) de enviar su CV a un coordinador de proyectos que trabaja en el mundo de la traducción y que tiene otros recursos para encontrar traductores nativos. ¿No se dan cuenta de que con eso sólo consiguen vetar su currículum para posibles proyectos futuros de su combinación y especialidad? Cuando a mí me llega una respuesta así a una oferta de traducción inversa, directamente me apunto «no llamar nunca a esa persona».

¿En qué casos puedo comprender que se realice una traducción inversa sin ser bilingüe (siempre con un nivel muy alto del idioma al que traducimos, claro)? Aunque por norma general yo no lo aconsejo, siempre está la excepción que confirma la regla: por necesidad y, por supuesto, siempre de manera temporal o extraordinaria y nunca como tónica general. En ese caso, tienen que darse tres circunstancias: una, que se tenga a un revisor nativo, dos, que el texto no sea especializado y, tres, que se explique antes al cliente con mucha claridad que la relación calidad-precio de la traducción va a ser inferior que la que tendría si la realizase directamente un traductor nativo. (Al cliente no hay que engañarle nunca.)

Como acabo de comentar, el cliente debe comprender que la relación calidad-precio-tiempo no será la deseable porque hay que cobrarle más ya que hay que contratar a un revisor nativo (eso o nosotros cobraremos menos para pagar al revisor de nuestro bolsillo), porque el plazo de entrega tiene que ser más holgado ya que hace falta una cantidad extra de tiempo para realizar la revisión y porque generalmente la traducción será mejor si la realiza alguien nativo desde el primer momento.

También es discutible (aunque en los tiempos que corren, yo lo comprendo y, de hecho, lo he hecho, valga la «rebuznancia»), que al cliente le dé igual la calidad y te diga que prefiere no pagar esa revisión ni buscar a un nativo y que se lo hagas tú. Ahí, lo profesional es decirle al cliente que no puedes prestarle ese servicio, aunque para mí es comprensible que se haga si el hambre aprieta.

Eso sí, os digo desde ya, que esta cuestión plantea muchas controversias ya que hay muchos traductores que están en contra de que un profesional haga traducciones inversas bajo ningún concepto. Y yo les entiendo perfectamente. Por tanto, ¿por qué digo que puedo comprender que se hagan inversas? Por la primera razón que he dado, que es la misma por la que puedo comprender que haya gente que acepte trabajos por 0,05 euros por palabra: por necesidad. Porque todos tenemos que comer y puede haber situaciones en las que uno necesite ese dinero. Pero personalmente considero que, siempre, siempre, siempre hay que ser honrado con el cliente y asegurarse de que le queda claro lo que implica que una profesional realice una traducción inversa. Y también pienso que, nunca, nunca, se debe tomar esa práctica como algo cotidiano, sino como algo pasajero, con vistas a poder, por ejemplo, coordinar y mándarselo a traducir al revisor nativo que nos ha ayudado cuando lo hemos necesitado porque, sí, los favores se devuelven y, además, hay que ser generosos con nuestros compañeros, pero ese asunto mejor lo dejamos para otra ocasión.

¡Feliz viernes a todos!

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