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Cuando la agencia no es el malo de la película (I parte)

13/05/2012

¿Qué ocurre cuando el traductor no trata bien a la agencia?

Publicaban el otro día en una asociación de las dos a las que estoy afiliada, un anuncio en el que una traductora avisaba sobre una agencia que no pagaba. Y, a raíz de ahí, viene mi entrada (que ya tocaba que llegase).

Mi volumen de trabajo, comparado con el de las agencias, es pequeño, pero suficiente como para que algún traductor me haya fallado. Como traductora tengo que decir que todas las agencias con las que he trabajado han pagado cuando toca. Alguna se ha despistado un poco pero, cuando le he reclamado, ha pagado. Vale, no ha pasado lo mismo con los clientes directos, pero con ellos trabajo más como coordinadora que como traductora.

Nos quejamos de que hay agencias que no pagan o tardan en pagar, de que a veces no nos tratan bien, de que nos mandan mensajes escuetos en los que nos envían el texto y casi ni nos dicen «Hola, ¿cómo estás?», de que no nos dan las gracias por nuestro trabajo ni nos felicitan cuando es bueno y, sin embargo, fíjate tú, resulta que nos mandan parrafadas, o incluso nos llaman, cuando metemos la pata.

Todo eso es cierto y estoy totalmente de acuerdo con que algunas son así (ojo, no todas), pero, ¿qué pasa cuando es el traductor el que no se porta bien con la agencia? ¿Cómo puede la agencia quejarse?

Afortunadamente, los dos casos en los que me ha fallado un traductor se pudieron solucionar con relativa facilidad. La verdad es que me considero afortunada porque la mayoría de los traductores con los que trabajo son agradables y están dispuestos a ayudar. A cambio de eso, yo también procuro cuidarles atendiéndoles en todo lo que necesitan. Eso sí, si un traductor deja de ser amable o tiene algún detalle no excesivamente agradable conmigo, dejo de trabajar con él. A fin de cuentas, los coordinadores y los integrantes de las agencias también somos personas. Lo siento, que el texto final sea bueno es importante, pero que el traductor te trate con amabilidad y comprensión también lo es, al menos para mí.

Entrando en mis casos desafortunados, el primero fue durante un mes de agosto en el que necesitaba una traducción al inglés y no había manera de encontrar un traductor que pudiese hacerla. Tenía revisor, pero nada más. Acudí a la lista Traducción en España y encontré una. La tarifa que me daba, para mi manera de ver el negocio, era baja, 0,05 eur/pb. (Perdón, que ahora ya no se llama «baja», se llama «competitiva». No vayamos a herir susceptibilidades.) Yo tenía hasta 0,08 eur/pb para pagar y pensé: «Bueno, como hay tiempo dado el volumen del texto, que lo haga por ese precio, yo hago una revisión extra y la pago con lo que “sobra”. Si la traducción luego es buena, en los siguientes proyectos le pagaré más y así, además de llevarme una traductora competente, pongo mi granito de arena en la lucha para subir las tarifas de los traductores.» En este caso, para mi desgracia se cumplió aquello de que el traductor barato es malo (que no tiene por qué ser en todos los casos, ni muchísimo menos). Bueno, tenía plazo, revisor y dinero así que en realidad era un mal menor. No había dado con alguien que mereciese la pena como traductora, pero al menos el proyecto iba a salir bien.

¿Dónde estaba entonces el problema? En el trato de la traductora. Al ver la revisión, le mandé el texto con los cambios resaltados y algunos comentarios del estilo de: «El revisor aquí pone X y tú pones Y, ¿podrías por favor explicarme si lo correcto es lo de él o lo tuyo? Y, en caso de que sea lo tuyo, ¿podrías explicarme por qué? Necesito también que, por favor, des un vistazo al texto ya que hay muchos cambios que no son de estilo» Que no es más que una manera educada de decirle que tengo dudas sobre la calidad de su traducción y que, por favor, me haga ver que estoy equivocada.

Cuando a mí una agencia me revisa y me pregunta, yo le explico: «pues, mira, aquí tienes razón tú y yo he patinado, lo que me dices aquí es estilo así que puedes poner cualquiera de las dos opciones, pero esto es lo que te he puesto yo porque a lo que se refiere es a (explicación). Míralo aquí (enlace).» Su respuesta fue: «en esto tiene razón el revisor, en esto yo.» Sin explicar nada. Yo le había puesto cuatro fallos a modo de ejemplo para que mirase el texto entero, y ella se limitó a poner eso en cada uno de los fallos que le había resaltado yo, sin ni siquiera dar al menos un vistazo a los cambios que le había hecho el revisor. ¿Así cómo voy a saber quién está en lo cierto cuando no estoy trabajando con mi idioma materno?

Cuando le volví a sugerir que por favor diese un vistazo al texto, me acusó de tratarle como a una niña («you are patronising me», me dijo). Seguir con la discusión no tenía sentido así que lo dejé estar, le pagué y ya no volví a contratarla. Como traductora, si una agencia me pide explicaciones, se las doy. Si pide demasiadas, le digo que mi tiempo vale dinero, pero nunca le trato mal ni soy irrespetuosa.

Nos quejamos de cuando no nos pagan pero, ¿qué pasa cuando el traductor no cumple? Mañana la segunda parte.

Continuará…
(¡Ja! Como en las series de la tele.)

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