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Cuando la agencia no es el malo de la película (II parte)

03/07/2012

Cuando escribí esta entrada, lo hice de una sola pieza. Al ver que era demasiado larga, pensé que lo mejor era dividirla en dos y publicarlas con una semana de diferencia. De ese modo no «aburriría» demasiado a los posibles lectores de mi blog. Y, ¿qué ha pasado? Pues que, aunque a los blogs nos gustaría  dedicarles más tiempo, primero va el trabajo remunerado, que es el que nos da de comer.  Y eso es lo que me ha ocurrido, que el trabajo remunerado es lo primero y, por tanto, lo que podría haber publicado el mismo día, o al día siguiente, ha tardado más de un mes en ver la luz. De modo que alguno igual tiene que leer mi entrada anterior para volver a coger el hilo.

Contaba hace un mes mi experiencia no excesivamente agradable con un traductor en cuanto al trato personal, y decía que es importante tratar bien al traductor, pero también lo es que él nos trate bien a nosotros. A fin de cuentas, los coordinadores también somos personas.

¿Y qué pasa con la calidad? El responsable final es la agencia o el coordinador. ¿Y si el traductor falla? ¿Nos hemos parado a pensar en las consecuencias que tiene eso para los intermediarios?

La anécdota que quiero contar en esta entrada es la del caso en el que necesitaba un traductor especializado y el que solía hacerme esa combinación estaba ocupado. Busqué por aquí, busqué por allá, y acabé otra vez en Traducción en España y en Asetrad. El traductor tenía buena pinta, pero resultó no ser tan especialista como pensábamos (creo que también fue una sorpresa para él). La entrega, afortunadamente, era por partes. Cuando mandé la primera, me llamó el cliente y me dijo que la traducción no estaba bien. Yo, cuando un español critica a un traductor extranjero por una traducción al idioma materno del segundo, me tomo mi tiempo: pido que otro traductor nativo de esa lengua con experiencia le dé un vistazo y me confirme que el cliente está en lo cierto. Normalmente tiene razón el traductor, pero en este caso la tenía el cliente.

Ay, Dios, ¿con qué cara vas al cliente a decirle que él, que no es nativo del idioma al que se traduce, tiene razón? Menudo mal trago. Por suerte para todos, tenía solución para él y, afortunadamente para mí, se trataba de un cliente con la flexibilidad que considero que todos deberíamos tener, de los que comprenden que cualquiera puede meter la pata. Pero menudo mal trago pasé mientras arreglaba el entuerto.

Hablé con el traductor, y su primera reacción fue que qué le estaba contando. Decía que tenía experiencia en ese campo y que su trabajo era bueno. ¿Cómo haces para decirle a un traductor que su trabajo no es bueno cuando él es el nativo y no tú? No es nada sencillo. En este caso, por suerte para todos, el traductor supo quién le había revisado y se le abrieron los ojos. Ahí cambió. Ya me pidió disculpas y estuvo muy predispuesto a hacer cuanto estuviese en su mano para arreglar el problema. ¿Y cómo lo hicimos? Teníamos el fin de semana de margen (por suerte, dadas las circunstancias) y la persona que me había ayudado a comprobar la calidad del trabajo del traductor al que había contratado se ofreció a revisarlo durante ese tiempo. (Nunca le estaré lo bastante agradecida porque siempre me ayuda con los problemas. Es como mi ángel guardián.) El traductor entendió que la culpa era suya y aceptó que la revisión de su trabajo se pagase de su tarifa de 0,09 euros por palabra. Al revisor así podríamos pagarle 0,03 euros por palabra. Y diréis, pero si debería haber un revisor. La revisión como tal va aparte. No puedes mandar a revisar un texto malo. La traducción debe llegar ya en condiciones de que se revise. Pero ese es otro cantar.

En este caso, el fallo del traductor no fue de trato. Si bien le costó un poco reaccionar, al final lo hizo y estaba dispuesto a ayudar en lo que hiciese falta, algo que no todos los traductores hacen, y eso hay que valorárselo y agradecérselo. Menos mal que él conocía al revisor. De lo contrario se me habría complicado el asunto. ¿En qué se falló aquí el traductor? En la calidad. El trabajo que hizo no era bueno y, si no llego a tener el fin de semana de por medio y el cliente no llega a ser alguien coherente, habría perdido al cliente seguro (que, además, ha resultado ser un cliente bueno.)

¿Qué significa esto? Que los traductores somos la base de esta profesión y, si bien tenemos que andar con mucho ojo con las agencias y con los clientes directos, también debemos cuidarlos. A veces nos creemos que somos el non plus ultra de la traducción y no es así. Hay traductores que se ofenden con demasiada facilidad cuando se cuestiona la calidad de su trabajo. Señores, todos, todos, todos nos equivocamos, incluido Martínez de Sousa (que, si le preguntáis, seguro que estará de acuerdo conmigo). Si bien es cierto que muchas veces se nos corrige sin que nuestro trabajo esté mal hecho, personalmente creo que no está de más ser un poco más humilde y considerar la posibilidad de que uno se pueda equivocar. Los traductores no somos perfectos. Somos humanos y, por tanto, también podemos cometer fallos. ¿Qué es lo importante? Aceptarlo con humildad y aprender de ello. Por otra parte, también nos olvidamos de que detrás de una agencia hay personas y que, del mismo modo que a nosotros nos gusta que nos traten bien, debemos pensar que a esas personas hay que tratarlas con educación.

Siendo amables llegaremos más lejos.

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2 comentarios

  1. En primer lugar, Luisa, quería felicitarte por tu blog. ¡Me encanta tu línea!
    Muchas veces no medimos lo suficiente nuestras reacciones y, claro, pasa lo que pasa. Si practicáramos todos los días a ponernos en la piel del otro, a todos nos iría mejor. ¿No es eso parte de la labor del traductor o intérprete? 😉
    Un beso.


    • Muchas gracias, Judith. No podría estar más de acuerdo contigo. La entrada la escribí un poco para que los traductores vean que, detrás de la coordinación, también hay personas y que muchos traductores no son lo profesionales que nos gustaría que fuesen. La idea me surgió porque constantemente veo en las listas que se piden referencias sobre agencias y que, cuando a alguien le va mal con un agencia, recurre a las listas para denunciarlo. Pero, claro, ¿qué pasa cuando le va mal a la agencia? En eso no pensamos cuando traducimos, ¿verdad? Por eso quería contar un par de anécdotas que me habían ocurrido a mí, para que se vea que no siempre el malo de la película es el mismo.
      Gracias por leerme. 🙂



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