Archive for 25 septiembre 2012

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El trato con los clientes (I parte)

25/09/2012

La amabilidad, la firmeza y la seguridad.

Sé que Fede no habría querido ser el protagonista de ningún blog mucho tiempo: le habría dado apuro. Así que, aquí va la entrada que tenía preparada para después del verano donde hablaremos de clientes directos, los grandes desconocidos de los traductores que sólo trabajan para agencias.

¿Cómo se debe tratar a los clientes? Personalmente creo que con una mezcla de firmeza, amabilidad y seguridad.

La amabilidad y la seriedad no están reñidas.

El cliente busca tranquilidad en el proveedor de servicios. Quiere que se le facilite el trabajo al máximo y que el resultado sea bueno. No pide poco ni nada, ¿eh? Nosotros debemos proporcionarle eso a cambio de que él nos facilite también nuestra tarea, nos trate con respeto y, por supuesto, nos pague.

¿Qué debemos transmitirle? Confianza, seguridad y tranquilidad. Y todo eso con amabilidad, pero sin caer en la trampa de ser el pardillo al que todos toman el pelo. Para eso hay que demostrar que somos serios y firmes. Y, si no lo somos porque llevamos poco tiempo en este ámbito, pues nos lo hacemos. Fijaos, curiosamente aquí entran todas esas clases de interpretación de la universidad de las que, los que nunca os dedicaréis a ella, pensabais: «Otra vez interpretación. La mayor tontería del mundo ya que nunca voy a dedicarme a ello.» Pues, aquí es cuando os va a ser muy útil ya que os van a ayudar a aprender a ocultar los nervios. O, al menos, así lo veo yo. En clase tenías que hacer una interpretación en público y, si los profesores eran poco amables (algo que me ocurrió a mí con alguna profesora, especialmente con una de las tutoras del ya extinto Postgrado en Interpretación de Conferencias de la Universidad de Westminster), el nervio era mayor, así como la necesidad imperiosa de ocultarlo. Pues, ahí es cuando los traductores debéis aprovechar para sacar un beneficio de esas clases. Ahora es cuando podéis poner en práctica esas tácticas que tuvisteis que inventaros sobre la marcha para no transmitir el nerviosismo a los «malvados» profesores de interpretación.

Una de las maneras que hay para aprender a cómo tratar a los clientes es fijándonos en los demás. Se puede aprender: de los propios clientes directos, de las agencias, que también son clientes, y también de los traductores a los que contratemos. Otra manera es trabajando en una empresa, si es de traducción, como coordinador de proyectos, si es otro tipo de empresa, se aprende del trato que se tiene con los clientes y de cómo te tratan tu jefe y tus compañeros.

El cliente te llama, te pide un encargo, en unas décimas de segundo piensas en opciones para llevarlo a cabo. No tienes al traductor adecuado, pero conoces a quien te lo puede recomendar. El proyecto es, por tanto, factible. Por ahí se empieza. Le dices al cliente que sí, que no se preocupe por nada ya que tú se lo organizas todo.

Si le transmites tranquilidad y seguridad, ya te has ganado a medio cliente. Ojo, que luego tienes que demostrar que vales y que cuentas con profesionales competentes. Si consigues eso, probablemente te habrás ganado al otro medio cliente.

Esto hay que hacerlo con seriedad pero con un talante amable. Y todo es cuestión de fijarse en nuestro día a día. Cuando vamos a la panadería a comprar el pan, ¿qué preferimos, encontrarnos una cara sonriente detrás del mostrador o una cara de mal humor? Lo mismo ocurre si vamos a subcontratar a un traductor. ¿Preferimos uno atento, que nos trate con alegría y predisposición para realizar un buen trabajo o uno serio y parco en palabras que parezca una máquina? Recordad que nunca hay que olvidar que, detrás de la pantalla, hay personas, tanto en el caso de los clientes, como en el de los traductores.

Siempre es mejor mostrar una sonrisa que un semblante amargado o cabreado.

Si nos pasamos de amables, puede que piensen que no somos serios. Y lo mismo a la inversa. ¿Y hacia qué lado tiramos hasta que encontremos el punto medio entre esa firmeza y esa cordialidad? Hacia la seriedad. Ya iremos poco a poco encontrando la combinación adecuada de ambos.

Así que, ya sabéis: a coger una batidora y a mezclar la firmeza con la amabilidad. J

Continuará…

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@Federrom

20/09/2012

Tenía una entrada preparada para la vuelta del verano, pero se ha quedado en un segundo plano después de enterarme del fallecimiento de Federico Romero.

Federico Romero. Leer o escuchar esas dos palabras siempre me ha sacado una sonrisa… menos hoy. Hoy leer tu nombre me ha llenado de amargura, mi querido Fede. La tristeza me ha invadido. No me lo acabo de creer. Te has ido. ¡Qué injusto es eso!

Yo nunca te llamé Federrom. Aunque el nombre está muy acertado, a mí me gustaba más Fede. Es menos original, lo sé, pero para mí es más entrañable porque me recuerda a alguien que se llama así y que fue muy especial para mí durante mi infancia.

Te conocía de las asambleas de Asetrad y de otros «saraos» traductoriles. Desde el momento en que intercambié las primeras palabras contigo, me inspiraste un montón de ternura. ¡Qué delicia de hombre, por Dios! Juntaros a ti, a Laura Munoa y a Fernando Navarro daba un «subidón» impresionante.

Qué maravilla.
Congreso de Asetrad (Salamanca, 2008).

Hablar contigo era una maravilla: transmitías una sensación de tranquilidad gloriosa. Eras agradable, modesto a más no poder, y cauto, pero también decías las cosas; eso sí, de modo que no hiriese a nadie o por lo bajini, como cuando hablábamos en privado del sueldo de cierta persona (¡al final lo conseguimos!). Sólo con escuchar tu nombre, a mí ya me venía una sonrisa a la cara. Y, si, además, te veía, ya ni te cuento. De hecho, siempre que podía aprovechaba para charlar contigo.

¿Y sabes una cosa que me chiflaba de ti? Que, aunque ya no eras un niño, seguías manteniendo parte de esa inocencia que les caracteriza, y eso a mí me inspiraba mucha ternura. De hecho, se te veía en la cara: en esa expresión tan risueña que te caracterizaba. ¡Fede, eras tan «achuchable»!

Los fumanchús.
Asamblea de Asetrad (Madrid, 2006).

¿Te acuerdas del congreso de Salamanca de Asetrad? Yo iba de ponente en una mesa redonda y, durante mi turno y el de mis compañeros, salió un tema un tanto delicado. Me tocó a mí contestar a la persona que preguntó y, nada más terminar la ponencia, me fui directa a ti y a Laura Munoa en busca de vuestra aprobación. Sí, para mí eras una referencia en cuanto a hacer las cosas bien y, dada tu cautela, el hecho de que tú (y Laura, todo sea dicho) aprobaseis lo que yo había dicho, me llenaba de tranquilidad.

Qué grupo más salao.
Congreso de Asetrad (Salamanca, 2008).

Buscando en mis archivos, he visto el mensaje que mandé a la Fundéu hace dos años. Yo estaba convencida de que «fallera mayor» se escribía con minúscula inicial, pero unos compañeros me hicieron dudar, así que aproveché un artículo de la Fundéu sobre las Fallas para preguntarles. Qué sorpresa más grata me llevé cuando me contestaste tú.

Tan modesto como siempre, entre otras cosas, me decías:

«Hola, Luisa. Soy Federico Romero.

Aunque apenas me atrevo a discutir contigo sobre fallas y falleras ;-), el cargo, en efecto, se escribe con inicial minúscula, pese a la tendencia que todos tenemos a mayusculizar lo que nos parece especialmente importante.»

¿No te atrevías a discutir conmigo sobre las Fallas? Sí, yo soy muy fallera, ¡pero estaba ansiosa por aprender de ti! Qué mono eras.

Asamblea de Asetrad (Madrid, 2009).

 [Me falta la foto de 2011, pero no la encuentro. La pondré cuando aparezca. Y las anteriores a 2006 se las comió un virus.]

La última vez que nos vimos fue el año pasado en la asamblea de Asetrad, que se celebró aquí, en Valencia. ¿Te acuerdas del domingo? Fuimos a comer Laura Munoa, tú y yo a una zona arbolada de mi ciudad a la que os llevé. Yo pasaba por un momento difícil, y tú y Laura me ayudasteis un montón. Hablar con vosotros era tan reconfortante. Lo cierto es que fue una comida muy agradable. Cuando os dejé en la estación de tren, me quedó una sensación agridulce: agria porque os habíais ido; dulce porque veros a ti y a Laura suponía un atracón precisamente de eso, de dulzura. Y todo esto sin saber que iba a ser la última, porque este año nos fallaste en Bilbao.

La noticia me ha trastocado. Pensar que ya no te voy a volver a ver en ningún «sarao» traductoril me llena de tristeza. ¡Che, Fede! ¡Menuda faena nos has gastado! 😦

Cuando murió mi padre (que, por cierto, también en esa ocasión me mandaste tu cariño), mi hermana dijo: «Hay un ángel más en el cielo».

Ahora hay dos.

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