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@Federrom

20/09/2012

Tenía una entrada preparada para la vuelta del verano, pero se ha quedado en un segundo plano después de enterarme del fallecimiento de Federico Romero.

Federico Romero. Leer o escuchar esas dos palabras siempre me ha sacado una sonrisa… menos hoy. Hoy leer tu nombre me ha llenado de amargura, mi querido Fede. La tristeza me ha invadido. No me lo acabo de creer. Te has ido. ¡Qué injusto es eso!

Yo nunca te llamé Federrom. Aunque el nombre está muy acertado, a mí me gustaba más Fede. Es menos original, lo sé, pero para mí es más entrañable porque me recuerda a alguien que se llama así y que fue muy especial para mí durante mi infancia.

Te conocía de las asambleas de Asetrad y de otros «saraos» traductoriles. Desde el momento en que intercambié las primeras palabras contigo, me inspiraste un montón de ternura. ¡Qué delicia de hombre, por Dios! Juntaros a ti, a Laura Munoa y a Fernando Navarro daba un «subidón» impresionante.

Qué maravilla.
Congreso de Asetrad (Salamanca, 2008).

Hablar contigo era una maravilla: transmitías una sensación de tranquilidad gloriosa. Eras agradable, modesto a más no poder, y cauto, pero también decías las cosas; eso sí, de modo que no hiriese a nadie o por lo bajini, como cuando hablábamos en privado del sueldo de cierta persona (¡al final lo conseguimos!). Sólo con escuchar tu nombre, a mí ya me venía una sonrisa a la cara. Y, si, además, te veía, ya ni te cuento. De hecho, siempre que podía aprovechaba para charlar contigo.

¿Y sabes una cosa que me chiflaba de ti? Que, aunque ya no eras un niño, seguías manteniendo parte de esa inocencia que les caracteriza, y eso a mí me inspiraba mucha ternura. De hecho, se te veía en la cara: en esa expresión tan risueña que te caracterizaba. ¡Fede, eras tan «achuchable»!

Los fumanchús.
Asamblea de Asetrad (Madrid, 2006).

¿Te acuerdas del congreso de Salamanca de Asetrad? Yo iba de ponente en una mesa redonda y, durante mi turno y el de mis compañeros, salió un tema un tanto delicado. Me tocó a mí contestar a la persona que preguntó y, nada más terminar la ponencia, me fui directa a ti y a Laura Munoa en busca de vuestra aprobación. Sí, para mí eras una referencia en cuanto a hacer las cosas bien y, dada tu cautela, el hecho de que tú (y Laura, todo sea dicho) aprobaseis lo que yo había dicho, me llenaba de tranquilidad.

Qué grupo más salao.
Congreso de Asetrad (Salamanca, 2008).

Buscando en mis archivos, he visto el mensaje que mandé a la Fundéu hace dos años. Yo estaba convencida de que «fallera mayor» se escribía con minúscula inicial, pero unos compañeros me hicieron dudar, así que aproveché un artículo de la Fundéu sobre las Fallas para preguntarles. Qué sorpresa más grata me llevé cuando me contestaste tú.

Tan modesto como siempre, entre otras cosas, me decías:

«Hola, Luisa. Soy Federico Romero.

Aunque apenas me atrevo a discutir contigo sobre fallas y falleras ;-), el cargo, en efecto, se escribe con inicial minúscula, pese a la tendencia que todos tenemos a mayusculizar lo que nos parece especialmente importante.»

¿No te atrevías a discutir conmigo sobre las Fallas? Sí, yo soy muy fallera, ¡pero estaba ansiosa por aprender de ti! Qué mono eras.

Asamblea de Asetrad (Madrid, 2009).

 [Me falta la foto de 2011, pero no la encuentro. La pondré cuando aparezca. Y las anteriores a 2006 se las comió un virus.]

La última vez que nos vimos fue el año pasado en la asamblea de Asetrad, que se celebró aquí, en Valencia. ¿Te acuerdas del domingo? Fuimos a comer Laura Munoa, tú y yo a una zona arbolada de mi ciudad a la que os llevé. Yo pasaba por un momento difícil, y tú y Laura me ayudasteis un montón. Hablar con vosotros era tan reconfortante. Lo cierto es que fue una comida muy agradable. Cuando os dejé en la estación de tren, me quedó una sensación agridulce: agria porque os habíais ido; dulce porque veros a ti y a Laura suponía un atracón precisamente de eso, de dulzura. Y todo esto sin saber que iba a ser la última, porque este año nos fallaste en Bilbao.

La noticia me ha trastocado. Pensar que ya no te voy a volver a ver en ningún «sarao» traductoril me llena de tristeza. ¡Che, Fede! ¡Menuda faena nos has gastado! 😦

Cuando murió mi padre (que, por cierto, también en esa ocasión me mandaste tu cariño), mi hermana dijo: «Hay un ángel más en el cielo».

Ahora hay dos.

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