Archive for 24 abril 2013

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Curso imprescindible de traducción jurídica y económica

24/04/2013

«Huy, si esta vez no nos habla de coordinación.» No. Esta vez voy a hacer un alto en el camino de la coordinación para recomendaros un curso.

El año pasado, durante la jornada previa a la asamblea anual de Asetrad en Bilbao, conocí a Ruth Gámez y a Fernando Cuñado. Y lo cierto es que podría decir que fueron el gran descubrimiento de Bilbao. (En casi todos los «saraos traductoriles» a los que asisto, que cada vez son más, descubro a alguien interesante.) Hablamos de traducción jurídica, de coordinación, de asociacionismo y de otros asuntos que no vienen al caso. Y lo cierto es que conectamos bastante bien.

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Ruth Gámez y Fernando Cuñado

Al poco de volver de Bilbao, me llamó Fernando. Me contó que tenían un proyecto bastante grande al que no podían dar salida ellos dos solos. Por lo visto, tras la conversación que tuvimos sobre coordinación, pensaron: «¿Por qué no podemos hacerlo nosotros también?» Y, como mi especialidad también es la jurídica, yo fui la gran afortunada a la que llamaron para colaborar con ellos.

Puedo decir que trabajan muy bien. (No en vano, los dos son licenciados en Derecho.) A raíz de aquello, cuando he necesitado algún revisor jurídico, ¿a quién he llamado? A Ruth y a Fernando.

Ya son profesores: imparten clases en el máster en Traducción Jurídico-Financiera de ICADE (en su blog tenéis una entrada en la que hablan sobre ello)  y, como estos chicos no paran, ahora se han apuntado a una aventura más:

El próximo 7 de julio dará comienzo la primera edición de un curso en línea que darán sobre traducción jurídica y económica  de la mano de Cálamo & Cran. ¿Cuál es mi recomendación? Si te interesa la traducción jurídica, no pierdas esta oportunidad. Aprenderás de la mano de dos grandes de la traducción jurídica. Tal vez aún no sean muy conocidos, pero todo es cuestión de tiempo. ¿Cómo? ¿Qué aún no has visto el sitio web del curso? Y, ¿a qué esperas? Ah, que no sabes dónde está.

Eso tiene solución: haz clic aquí y te llevo.

Estos chicos van a arrasar. Ya lo veréis.

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Los fallos en las traducciones inversas de cara a los clientes

17/04/2013

El trato con los clientes (3ª parte)

Abril y aún no he publicado nada. He tenido el inicio de año con más trabajo de toda mi carrera profesional. ¿Crisis? ¿Quién habló de crisis? Eso pensaba yo en enero y febrero. Marzo ha ido flojo, pero me ha venido bien para descansar en Fallas y en Semana Santa. Y abril, pues también ha empezado flojo, es decir, que sí, que la crisis sigue ahí.

Bueno, vuelvo con los clientes. Esta vez para ver cómo tratar con ellos cuando no estén contentos con el trabajo que ha realizado uno de nuestros traductores de otros idiomas… y tengan razón. (Porque hay veces en las que no la tienen.)

¿Qué pasa si te llama un cliente y te dice que una traducción inversa que te ha encargado no está bien hecha? En principio no hay que tomar las palabras del cliente como algo cierto ya que corregir a un nativo no siéndolo es un acto muy temerario y atrevido. Si el cliente es español y el texto se ha traducido, por ejemplo, al alemán, lo que yo hago en estos casos es, en primer lugar, pedir amablemente al cliente que me muestre fallos concretos para que pueda trasladárselos al traductor y que así éste me dé una explicación. Después se lo comento al revisor —o al traductor, porque debemos tener en cuenta que hay clientes que prefieren «hacer» la revisión en plantilla— y le pido que, por favor, mire los supuestos errores y me diga si realmente son fallos o si no lo son.

Los fallos de vocabulario

Ahí pueden ocurrir dos cosas: que esos fallos sean reales o que no lo sean. En esta entrada voy a hablar de las ocasiones en las que el cliente tiene la razón. Si son fallos reales, tendremos que reconocérselo a la persona que nos haya contratado, pedirle mil disculpas, intentar que nos dé un poco de margen en lo que a la entrega se refiere para subsanar el error —excepto en los casos en los que vayamos sobrados de tiempo, que no suelen producirse muy a menudo— y pedir al traductor o al revisor que corrija el fallo. Si el cliente no es muy amable, habrá que lidiar con él lo mejor que podamos. Lo cierto es que la gente suele ser más comprensiva de lo que pensamos. Si el autor del fallo no puede hacerlo —o pensamos que no está capacitado para ello— tendremos que buscar a otro profesional para que arregle el empastre. «Pero, en ese caso habrá que pagar a esa persona», pensaréis. Pues sí. ¿Y, de dónde se paga eso? Pues, o de la tarifa del traductor o del revisor, o de nuestro bolsillo. Depende de la situación y de lo que hayamos acordado con el traductor o el revisor. Pero en ningún caso se le puede cobrar al cliente ya que el fallo no es suyo. Esto es uno de los riesgos de ser coordinador, que tienes que atenerte a las consecuencias de los fallos de los trabajadores a los que subcontratas. (Cosa que también deberían hacer ellos: hacerse cargo de los errores que cometan contigo.)

 

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Los fallos de redacción en general

¿Qué pasa si el cliente me dice que se trata de la redacción en general, que no le parece clara? Yo, en esa situación, antes de decirle nada al supuesto causante del fallo, llamo a un traductor alemán de confianza, alguien con quien ya trabaje y de quien me fíe, le cuento lo que me ha ocurrido, y le pido que por favor revise un fragmento de esa traducción. En ese caso le pago por horas, en un primer momento de mi bolsillo por si el traductor sí que es bueno; luego, si no lo es, se puede negociar con el traductor para descontárselo de su tarifa. También es cierto que, si hay buena relación, ese traductor puede hacerlo sin cobrarnos. A fin de cuentas, si no nos ayudamos entre nosotros, ¿quién va a hacerlo? Pero eso es algo que debe salir de esa persona. Nosotros siempre tenemos que ofrecer pagar —y estar dispuestos a hacerlo si nos dicen que sí—. Personalmente, si a mí me llama en alguna ocasión un colega y me hace esa solicitud, yo no se lo cobro, pero eso depende de cada uno. Bueno, que me voy por las ramas. En caso de que me diga que la traducción está bien, yo le traslado al cliente lo que he hecho y le pido que me dé ejemplos para poder comentarlo con el traductor.

Pero, ¿y si está mal? ¿Y si realmente la redacción no es buena? Ay. Ahí es cuando tenemos que apechugar y coger al toro por los cuernos. Si eso ocurre, hay que contratar a un revisor y pagarle. Como hemos dicho antes, bien de la tarifa del traductor, bien de nuestro bolsillo, pero nunca a costa del cliente. A mí esto me ocurrió en una ocasión, y la verdad es que la traductora reaccionó muy bien y pagamos al revisor de su tarifa.

Hasta ahí tenemos los dos supuestos que de fallos de los que yo he sido «víctima»: de vocabulario y de redacción.

En la próxima entrada hablaremos de la parte «positiva» (por llamarla de algún modo) para nosotros de los fallos que encuentra el cliente, es decir, cuando el cliente no tiene razón.

 ¿Y vosotros? ¿Os habéis encontrado alguna vez en una situación similar? ¿Habéis tenido que lidiar con clientes que se quejaban, con razón, de fallos en la traducción? ¿Cómo habéis resuelto la situación?

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