Archive for the ‘Clientes’ Category

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TraduEmprende

29/05/2013

Mi «crónica» sobre TraduEmprende.

A la vuelta de las II Jornadas de Ciencia y Traducción, donde di una ponencia cortita sobre la coordinación de proyectos autónoma, vi por casualidad (creo que en Twitter), que se iba a organizar una jornada de traducción en Madrid y que buscaban a algún profesional que la inaugurase. Como venía con la sensación de que no había aprovechado mi estancia en Córdoba todo lo que me habría gustado, mandé un correo por si les interesaba que yo fuese esa persona. Y, el lunes a mediodía, me dijeron que sí, que lo fuese.

Primero pensé en hablar también allí sobre coordinación pero, al saber que la mayoría de los asistentes iban a ser estudiantes y recién licenciados, pensé que eso no les ayudaría demasiado ya que, para coordinar, hay que tener experiencia en el campo de la traducción. Así que cambié mi discurso al del mercado laboral, que pensaba que les gustaría.

De modo que, a Madrid que me fui el día 23 de mayo. La verdad es que fueron dos días muy intensos ya que aproveché para reunirme con gente a la que sólo veo cuando voy a la capital de España o a algún «sarao traductoril».

Y llegó el momento de mi ponencia. Tengo que reconocer que estaba menos nerviosa que en Córdoba, probablemente porque ya había adquirido algo de experiencia. Aunque, ahora que nadie nos lee, en realidad era mi segunda charla en solitario. (Ojo, menos nerviosa no significa que no estuviese nada nerviosa, que por mi venas corre sangre. O eso me dicen los médicos.)

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Introducción al mercado laboral.

A modo de resumen, para que no tengáis que verlo entero si no tenéis tiempo, os contaré que en mi media hora alargada animé a los asistentes a que saliesen de su zona de confort y a que empezasen a buscar clientes. Les conté algunas diferencias sobre clientes directos y agencias; hablé sobre tarifas, dando ejemplos para que cada uno elija lo que quiere pedir (sí, sí, me encargué de recopilar tarifas reales de traductores y agencias para que se viese lo que hay por ahí, que ya va siendo hora de que salgan a la luz); traté el tema de la negociación y los descuentos; hablé de las agencias que tienen tarifas que a mí me parecen bajas (y no por eso se hacen de oro, que muchas agencias son honradas); expliqué por qué la vida social del traductor es importante y, para finalizar, comenté a los asistentes que no tuviesen miedo al fracaso, que aprendiesen de él. Tras las intervenciones de los demás ponentes, me pidieron que clausurara TraduEmprende, algo que hice encantada. A ver si tenemos suerte y pueden colgar los vídeos de las ponencias.

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¡Buenas noticias! ¡La timidez se vence!

TraduEmprende me brindó la oportunidad de desvirtualizar a algunos compañeros. Eso sí, me quedé con la ganas de conocer a otros, como a Elena Nevado, que siempre me escribe cosas muy bonitas y tuvo la delicadeza (¡gracias!) de no interrumpir la conversación que estaba teniendo cuando hablaba con Marta Stelmaszak, lo cual supuso que, al final, nos quedásemos con las ganas de vernos. Y, encima, hace un rato me he enterado de que no va a Toledo. Vaya.

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El público asistente.

Si es que, como ya comenté, la vida social del traductor es muy importante. ¿Os dais cuenta de que la mayoría trabajamos desde casa? Estamos casi todo el día solos así que, estos acontecimientos, aparte de lo que puedan enseñarnos, los necesitamos para salir de casa y «oxigenar nuestros cerebros», desvirtualizar a colegas a los que sólo conocemos a través de Internet y, ¿por qué no?, para pasar un rato agradable entre amigos, hablando también de asuntos que no tengan nada que ver con nuestra profesión.

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Sólo me queda ya felicitar y dar las gracias a Leon Hunter y a sus chicos (en especial a Lourdes Yagüe, que fue quien se encargó de cuidarme) por haber organizado esta jornada y por haberme invitado a formar parte de ella. Y gracias otra vez, Leon, por lo que has dicho de mí en tu blog.  Ayer cuando lo leí, me emocioné.

Próxima parada… Toledo. (Siempre que no salga algo entre medias, que nunca se sabe.)

PD. Si queréis leer los tuits y más entradas sobre TraduEmprende, Rafa López las ha recopilado en su blog. Y si queréis ver las ponencias, podéis hacerlo a través del blog de Leon Hunter. Las mías podéis verlas aquí:

Inauguración de TraduEmprende

Clausura de TraduEmprende

 

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Los fallos en las traducciones inversas de cara a los clientes

17/04/2013

El trato con los clientes (3ª parte)

Abril y aún no he publicado nada. He tenido el inicio de año con más trabajo de toda mi carrera profesional. ¿Crisis? ¿Quién habló de crisis? Eso pensaba yo en enero y febrero. Marzo ha ido flojo, pero me ha venido bien para descansar en Fallas y en Semana Santa. Y abril, pues también ha empezado flojo, es decir, que sí, que la crisis sigue ahí.

Bueno, vuelvo con los clientes. Esta vez para ver cómo tratar con ellos cuando no estén contentos con el trabajo que ha realizado uno de nuestros traductores de otros idiomas… y tengan razón. (Porque hay veces en las que no la tienen.)

¿Qué pasa si te llama un cliente y te dice que una traducción inversa que te ha encargado no está bien hecha? En principio no hay que tomar las palabras del cliente como algo cierto ya que corregir a un nativo no siéndolo es un acto muy temerario y atrevido. Si el cliente es español y el texto se ha traducido, por ejemplo, al alemán, lo que yo hago en estos casos es, en primer lugar, pedir amablemente al cliente que me muestre fallos concretos para que pueda trasladárselos al traductor y que así éste me dé una explicación. Después se lo comento al revisor —o al traductor, porque debemos tener en cuenta que hay clientes que prefieren «hacer» la revisión en plantilla— y le pido que, por favor, mire los supuestos errores y me diga si realmente son fallos o si no lo son.

Los fallos de vocabulario

Ahí pueden ocurrir dos cosas: que esos fallos sean reales o que no lo sean. En esta entrada voy a hablar de las ocasiones en las que el cliente tiene la razón. Si son fallos reales, tendremos que reconocérselo a la persona que nos haya contratado, pedirle mil disculpas, intentar que nos dé un poco de margen en lo que a la entrega se refiere para subsanar el error —excepto en los casos en los que vayamos sobrados de tiempo, que no suelen producirse muy a menudo— y pedir al traductor o al revisor que corrija el fallo. Si el cliente no es muy amable, habrá que lidiar con él lo mejor que podamos. Lo cierto es que la gente suele ser más comprensiva de lo que pensamos. Si el autor del fallo no puede hacerlo —o pensamos que no está capacitado para ello— tendremos que buscar a otro profesional para que arregle el empastre. «Pero, en ese caso habrá que pagar a esa persona», pensaréis. Pues sí. ¿Y, de dónde se paga eso? Pues, o de la tarifa del traductor o del revisor, o de nuestro bolsillo. Depende de la situación y de lo que hayamos acordado con el traductor o el revisor. Pero en ningún caso se le puede cobrar al cliente ya que el fallo no es suyo. Esto es uno de los riesgos de ser coordinador, que tienes que atenerte a las consecuencias de los fallos de los trabajadores a los que subcontratas. (Cosa que también deberían hacer ellos: hacerse cargo de los errores que cometan contigo.)

 

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Los fallos de redacción en general

¿Qué pasa si el cliente me dice que se trata de la redacción en general, que no le parece clara? Yo, en esa situación, antes de decirle nada al supuesto causante del fallo, llamo a un traductor alemán de confianza, alguien con quien ya trabaje y de quien me fíe, le cuento lo que me ha ocurrido, y le pido que por favor revise un fragmento de esa traducción. En ese caso le pago por horas, en un primer momento de mi bolsillo por si el traductor sí que es bueno; luego, si no lo es, se puede negociar con el traductor para descontárselo de su tarifa. También es cierto que, si hay buena relación, ese traductor puede hacerlo sin cobrarnos. A fin de cuentas, si no nos ayudamos entre nosotros, ¿quién va a hacerlo? Pero eso es algo que debe salir de esa persona. Nosotros siempre tenemos que ofrecer pagar —y estar dispuestos a hacerlo si nos dicen que sí—. Personalmente, si a mí me llama en alguna ocasión un colega y me hace esa solicitud, yo no se lo cobro, pero eso depende de cada uno. Bueno, que me voy por las ramas. En caso de que me diga que la traducción está bien, yo le traslado al cliente lo que he hecho y le pido que me dé ejemplos para poder comentarlo con el traductor.

Pero, ¿y si está mal? ¿Y si realmente la redacción no es buena? Ay. Ahí es cuando tenemos que apechugar y coger al toro por los cuernos. Si eso ocurre, hay que contratar a un revisor y pagarle. Como hemos dicho antes, bien de la tarifa del traductor, bien de nuestro bolsillo, pero nunca a costa del cliente. A mí esto me ocurrió en una ocasión, y la verdad es que la traductora reaccionó muy bien y pagamos al revisor de su tarifa.

Hasta ahí tenemos los dos supuestos que de fallos de los que yo he sido «víctima»: de vocabulario y de redacción.

En la próxima entrada hablaremos de la parte «positiva» (por llamarla de algún modo) para nosotros de los fallos que encuentra el cliente, es decir, cuando el cliente no tiene razón.

 ¿Y vosotros? ¿Os habéis encontrado alguna vez en una situación similar? ¿Habéis tenido que lidiar con clientes que se quejaban, con razón, de fallos en la traducción? ¿Cómo habéis resuelto la situación?

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Las consultas a los clientes

06/11/2012

El trato con los clientes (II parte)

Las consultas a los clientes sobre dudas terminológicas

Como AulaSic ya ha anunciado que mi entrada «promete tener continuación», no tengo más remedio que escribirla. De lo contrario, voy a quedar muy mal. 🙂

Volvemos por tanto con los clientes. Pero esta vez no hablaré sobre cómo tratarlos para conseguir su fidelidad; me centraré en cómo tratar con ellos para que no piensen que somos unos ineptos por tener dudas.

¿Qué ocurre cuando tenemos que preguntar al cliente sobre un término o una frase que no conocemos y no conseguimos descifrar? Si el cliente es una agencia, no debería suponernos ningún problema ya que ellos comprenden que los traductores tengan dudas pero, ¿y si es un cliente directo que no sabe nada del mundo de la interpretación? Ahí es cuando a muchos les entra el miedo. Y yo lo entiendo, aunque no lo comparto.

No hay que tener miedo a preguntar

Hay que pensar —y contar al cliente—, que el objetivo de la traducción no es superar un examen: es conseguir que el texto de llegada sea el que el cliente necesita.

Un conocido, cuando se enteró de que era traductora-intérprete jurada (ahora con número), me contaba que era una lástima no haberme llamado a mí para hacer la traducción jurada de sus títulos universitarios. Me decía que se la había encargado hacía un tiempo a otro traductor que había resultado ser malísimo porque le hizo preguntas sobre algunas de las asignaturas de su expediente académico. Yo le expliqué que eso significaba justo lo contrario; que implicaba el traductor se preocupaba por que su trabajo fuese bueno y prefería asegurarse de que tenía los términos de esas asignaturas complicadas correctos.

Si hacemos preguntas, no somos malos traductores

Hay clientes que, al ser ajenos al mundo de la traducción, piensan que si le hacemos preguntas es que somos malos traductores. Ahí tenemos la muestra de mi conocido: un señor culto, con estudios, un buen trabajo y que no sabía nada de nuestra profesión. En ese caso hay que explicarles que un traductor no puede saberlo todo y, si bien antes de ir a quien nos ha contratado debemos utilizar todos sus recursos para resolver el entuerto, existen ocasiones en las que, debido a la complejidad del texto, quien mejor va a resolver la duda es el cliente.

A veces da un poco de apuro, es cierto, pero os sorprenderíais al ver la cantidad de clientes que, una vez se lo explican, lo entienden perfectamente y ayudan muy amablemente al gestor (o al traductor) con las dudas que tenga. Todos nos hemos encontrado ante esa situación y, al menos al principio, nos ha costado hacerla, pero no debemos dejarnos amedrentar por la situación. Tenemos que lanzarnos. De lo contrario, nunca conseguiremos avanzar en nuestro trato con el cliente: no resolveremos bien esa duda y nos arriesgaremos a meter la pata y, en consecuencia, a perder al cliente.

No podemos saberlo todo.

¿Y si el consumidor de nuestro producto no es tan comprensivo? En ese caso, la cosa está más complicada. Habrá que tratarlo con más delicadeza y explicarle con amabilidad que los traductores no podemos estar especializados en todos los campos y que hay ocasiones en las que es normal que tengamos dudas que no podamos resolver.

Supongamos que el cliente es un abogado: se le puede explicar que, si los abogados se especializan en un campo (civil, penal, laboral, etcétera), porque no pueden estar lo debidamente bien preparados para todos, el traductor hace lo mismo, pero a en una escala diferente. El traductor se especializará en traducciones jurídicas, y es normal que le pueda surgir algún término que se escape a sus conocimientos y a sus recursos y, por lo tanto, tendrá que acudir al cliente para poder resolverlo.

Eso sí, todo esto hay que hacerlo con seguridad. No hay que dejar que el cliente piense que lo que le estamos diciendo no es propio de un profesional. Aquí hay que volver a aplicar la tónica de la firmeza amable. Es muy importante que al cliente le quede claro que es lógico que un traductor no pueda saberlo todo.

¿Y si a pesar de ser amable y explicarle las cosas con claridad, seguridad y firmeza no lo entiende y piensa que somos unos inútiles? En ese caso, poco puedo recomendaros yo. Bueno, una cosa sí: que hay que tener claro que eso no significa que seamos malos y que, si el cliente no vuelve a nosotros, aunque perdemos unos ingresos, también ganamos en tranquilidad ya que, ¿de verdad queremos trabajar para alguien que no respeta nuestro trabajo? ¿Vosotros lo haríais?

¿Habéis tenido alguno una experiencia similar?

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El trato con los clientes (I parte)

25/09/2012

La amabilidad, la firmeza y la seguridad.

Sé que Fede no habría querido ser el protagonista de ningún blog mucho tiempo: le habría dado apuro. Así que, aquí va la entrada que tenía preparada para después del verano donde hablaremos de clientes directos, los grandes desconocidos de los traductores que sólo trabajan para agencias.

¿Cómo se debe tratar a los clientes? Personalmente creo que con una mezcla de firmeza, amabilidad y seguridad.

La amabilidad y la seriedad no están reñidas.

El cliente busca tranquilidad en el proveedor de servicios. Quiere que se le facilite el trabajo al máximo y que el resultado sea bueno. No pide poco ni nada, ¿eh? Nosotros debemos proporcionarle eso a cambio de que él nos facilite también nuestra tarea, nos trate con respeto y, por supuesto, nos pague.

¿Qué debemos transmitirle? Confianza, seguridad y tranquilidad. Y todo eso con amabilidad, pero sin caer en la trampa de ser el pardillo al que todos toman el pelo. Para eso hay que demostrar que somos serios y firmes. Y, si no lo somos porque llevamos poco tiempo en este ámbito, pues nos lo hacemos. Fijaos, curiosamente aquí entran todas esas clases de interpretación de la universidad de las que, los que nunca os dedicaréis a ella, pensabais: «Otra vez interpretación. La mayor tontería del mundo ya que nunca voy a dedicarme a ello.» Pues, aquí es cuando os va a ser muy útil ya que os van a ayudar a aprender a ocultar los nervios. O, al menos, así lo veo yo. En clase tenías que hacer una interpretación en público y, si los profesores eran poco amables (algo que me ocurrió a mí con alguna profesora, especialmente con una de las tutoras del ya extinto Postgrado en Interpretación de Conferencias de la Universidad de Westminster), el nervio era mayor, así como la necesidad imperiosa de ocultarlo. Pues, ahí es cuando los traductores debéis aprovechar para sacar un beneficio de esas clases. Ahora es cuando podéis poner en práctica esas tácticas que tuvisteis que inventaros sobre la marcha para no transmitir el nerviosismo a los «malvados» profesores de interpretación.

Una de las maneras que hay para aprender a cómo tratar a los clientes es fijándonos en los demás. Se puede aprender: de los propios clientes directos, de las agencias, que también son clientes, y también de los traductores a los que contratemos. Otra manera es trabajando en una empresa, si es de traducción, como coordinador de proyectos, si es otro tipo de empresa, se aprende del trato que se tiene con los clientes y de cómo te tratan tu jefe y tus compañeros.

El cliente te llama, te pide un encargo, en unas décimas de segundo piensas en opciones para llevarlo a cabo. No tienes al traductor adecuado, pero conoces a quien te lo puede recomendar. El proyecto es, por tanto, factible. Por ahí se empieza. Le dices al cliente que sí, que no se preocupe por nada ya que tú se lo organizas todo.

Si le transmites tranquilidad y seguridad, ya te has ganado a medio cliente. Ojo, que luego tienes que demostrar que vales y que cuentas con profesionales competentes. Si consigues eso, probablemente te habrás ganado al otro medio cliente.

Esto hay que hacerlo con seriedad pero con un talante amable. Y todo es cuestión de fijarse en nuestro día a día. Cuando vamos a la panadería a comprar el pan, ¿qué preferimos, encontrarnos una cara sonriente detrás del mostrador o una cara de mal humor? Lo mismo ocurre si vamos a subcontratar a un traductor. ¿Preferimos uno atento, que nos trate con alegría y predisposición para realizar un buen trabajo o uno serio y parco en palabras que parezca una máquina? Recordad que nunca hay que olvidar que, detrás de la pantalla, hay personas, tanto en el caso de los clientes, como en el de los traductores.

Siempre es mejor mostrar una sonrisa que un semblante amargado o cabreado.

Si nos pasamos de amables, puede que piensen que no somos serios. Y lo mismo a la inversa. ¿Y hacia qué lado tiramos hasta que encontremos el punto medio entre esa firmeza y esa cordialidad? Hacia la seriedad. Ya iremos poco a poco encontrando la combinación adecuada de ambos.

Así que, ya sabéis: a coger una batidora y a mezclar la firmeza con la amabilidad. J

Continuará…

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