Archive for the ‘Traducción inversa’ Category

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Los fallos en las traducciones inversas de cara a los clientes

17/04/2013

El trato con los clientes (3ª parte)

Abril y aún no he publicado nada. He tenido el inicio de año con más trabajo de toda mi carrera profesional. ¿Crisis? ¿Quién habló de crisis? Eso pensaba yo en enero y febrero. Marzo ha ido flojo, pero me ha venido bien para descansar en Fallas y en Semana Santa. Y abril, pues también ha empezado flojo, es decir, que sí, que la crisis sigue ahí.

Bueno, vuelvo con los clientes. Esta vez para ver cómo tratar con ellos cuando no estén contentos con el trabajo que ha realizado uno de nuestros traductores de otros idiomas… y tengan razón. (Porque hay veces en las que no la tienen.)

¿Qué pasa si te llama un cliente y te dice que una traducción inversa que te ha encargado no está bien hecha? En principio no hay que tomar las palabras del cliente como algo cierto ya que corregir a un nativo no siéndolo es un acto muy temerario y atrevido. Si el cliente es español y el texto se ha traducido, por ejemplo, al alemán, lo que yo hago en estos casos es, en primer lugar, pedir amablemente al cliente que me muestre fallos concretos para que pueda trasladárselos al traductor y que así éste me dé una explicación. Después se lo comento al revisor —o al traductor, porque debemos tener en cuenta que hay clientes que prefieren «hacer» la revisión en plantilla— y le pido que, por favor, mire los supuestos errores y me diga si realmente son fallos o si no lo son.

Los fallos de vocabulario

Ahí pueden ocurrir dos cosas: que esos fallos sean reales o que no lo sean. En esta entrada voy a hablar de las ocasiones en las que el cliente tiene la razón. Si son fallos reales, tendremos que reconocérselo a la persona que nos haya contratado, pedirle mil disculpas, intentar que nos dé un poco de margen en lo que a la entrega se refiere para subsanar el error —excepto en los casos en los que vayamos sobrados de tiempo, que no suelen producirse muy a menudo— y pedir al traductor o al revisor que corrija el fallo. Si el cliente no es muy amable, habrá que lidiar con él lo mejor que podamos. Lo cierto es que la gente suele ser más comprensiva de lo que pensamos. Si el autor del fallo no puede hacerlo —o pensamos que no está capacitado para ello— tendremos que buscar a otro profesional para que arregle el empastre. «Pero, en ese caso habrá que pagar a esa persona», pensaréis. Pues sí. ¿Y, de dónde se paga eso? Pues, o de la tarifa del traductor o del revisor, o de nuestro bolsillo. Depende de la situación y de lo que hayamos acordado con el traductor o el revisor. Pero en ningún caso se le puede cobrar al cliente ya que el fallo no es suyo. Esto es uno de los riesgos de ser coordinador, que tienes que atenerte a las consecuencias de los fallos de los trabajadores a los que subcontratas. (Cosa que también deberían hacer ellos: hacerse cargo de los errores que cometan contigo.)

 

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Los fallos de redacción en general

¿Qué pasa si el cliente me dice que se trata de la redacción en general, que no le parece clara? Yo, en esa situación, antes de decirle nada al supuesto causante del fallo, llamo a un traductor alemán de confianza, alguien con quien ya trabaje y de quien me fíe, le cuento lo que me ha ocurrido, y le pido que por favor revise un fragmento de esa traducción. En ese caso le pago por horas, en un primer momento de mi bolsillo por si el traductor sí que es bueno; luego, si no lo es, se puede negociar con el traductor para descontárselo de su tarifa. También es cierto que, si hay buena relación, ese traductor puede hacerlo sin cobrarnos. A fin de cuentas, si no nos ayudamos entre nosotros, ¿quién va a hacerlo? Pero eso es algo que debe salir de esa persona. Nosotros siempre tenemos que ofrecer pagar —y estar dispuestos a hacerlo si nos dicen que sí—. Personalmente, si a mí me llama en alguna ocasión un colega y me hace esa solicitud, yo no se lo cobro, pero eso depende de cada uno. Bueno, que me voy por las ramas. En caso de que me diga que la traducción está bien, yo le traslado al cliente lo que he hecho y le pido que me dé ejemplos para poder comentarlo con el traductor.

Pero, ¿y si está mal? ¿Y si realmente la redacción no es buena? Ay. Ahí es cuando tenemos que apechugar y coger al toro por los cuernos. Si eso ocurre, hay que contratar a un revisor y pagarle. Como hemos dicho antes, bien de la tarifa del traductor, bien de nuestro bolsillo, pero nunca a costa del cliente. A mí esto me ocurrió en una ocasión, y la verdad es que la traductora reaccionó muy bien y pagamos al revisor de su tarifa.

Hasta ahí tenemos los dos supuestos que de fallos de los que yo he sido «víctima»: de vocabulario y de redacción.

En la próxima entrada hablaremos de la parte «positiva» (por llamarla de algún modo) para nosotros de los fallos que encuentra el cliente, es decir, cuando el cliente no tiene razón.

 ¿Y vosotros? ¿Os habéis encontrado alguna vez en una situación similar? ¿Habéis tenido que lidiar con clientes que se quejaban, con razón, de fallos en la traducción? ¿Cómo habéis resuelto la situación?

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La temida traducción inversa

30/03/2012

Pues sí, y tan temida, porque anda que no crea inseguridades. Normal porque, salvo que seas bilingüe de verdad, pero de verdad de la buena, lo de las traducciones inversas son una temeridad… casi siempre.

Como ya comenté en la entrada de las cinco mil palabras a cinco céntimos de traducción inversa, cuando busqué traductores en las listas de Asetrad y de Traducción en España, la gente no fue lo seria que yo creo que deben ser en esas listas. Para mi sorpresa, casi todos los traductores que me contestaron eran españoles y ni siquiera constaba en su CV que fuesen bilingües. ¡Qué atrevidos me parecieron todos!

Yo puedo entender que alguien realice traducciones inversas en casos concretos que comentaré enseguida, pero no entiendo cómo un traductor tiene la valentía (o más bien osadía) de enviar su CV a un coordinador de proyectos que trabaja en el mundo de la traducción y que tiene otros recursos para encontrar traductores nativos. ¿No se dan cuenta de que con eso sólo consiguen vetar su currículum para posibles proyectos futuros de su combinación y especialidad? Cuando a mí me llega una respuesta así a una oferta de traducción inversa, directamente me apunto «no llamar nunca a esa persona».

¿En qué casos puedo comprender que se realice una traducción inversa sin ser bilingüe (siempre con un nivel muy alto del idioma al que traducimos, claro)? Aunque por norma general yo no lo aconsejo, siempre está la excepción que confirma la regla: por necesidad y, por supuesto, siempre de manera temporal o extraordinaria y nunca como tónica general. En ese caso, tienen que darse tres circunstancias: una, que se tenga a un revisor nativo, dos, que el texto no sea especializado y, tres, que se explique antes al cliente con mucha claridad que la relación calidad-precio de la traducción va a ser inferior que la que tendría si la realizase directamente un traductor nativo. (Al cliente no hay que engañarle nunca.)

Como acabo de comentar, el cliente debe comprender que la relación calidad-precio-tiempo no será la deseable porque hay que cobrarle más ya que hay que contratar a un revisor nativo (eso o nosotros cobraremos menos para pagar al revisor de nuestro bolsillo), porque el plazo de entrega tiene que ser más holgado ya que hace falta una cantidad extra de tiempo para realizar la revisión y porque generalmente la traducción será mejor si la realiza alguien nativo desde el primer momento.

También es discutible (aunque en los tiempos que corren, yo lo comprendo y, de hecho, lo he hecho, valga la «rebuznancia»), que al cliente le dé igual la calidad y te diga que prefiere no pagar esa revisión ni buscar a un nativo y que se lo hagas tú. Ahí, lo profesional es decirle al cliente que no puedes prestarle ese servicio, aunque para mí es comprensible que se haga si el hambre aprieta.

Eso sí, os digo desde ya, que esta cuestión plantea muchas controversias ya que hay muchos traductores que están en contra de que un profesional haga traducciones inversas bajo ningún concepto. Y yo les entiendo perfectamente. Por tanto, ¿por qué digo que puedo comprender que se hagan inversas? Por la primera razón que he dado, que es la misma por la que puedo comprender que haya gente que acepte trabajos por 0,05 euros por palabra: por necesidad. Porque todos tenemos que comer y puede haber situaciones en las que uno necesite ese dinero. Pero personalmente considero que, siempre, siempre, siempre hay que ser honrado con el cliente y asegurarse de que le queda claro lo que implica que una profesional realice una traducción inversa. Y también pienso que, nunca, nunca, se debe tomar esa práctica como algo cotidiano, sino como algo pasajero, con vistas a poder, por ejemplo, coordinar y mándarselo a traducir al revisor nativo que nos ha ayudado cuando lo hemos necesitado porque, sí, los favores se devuelven y, además, hay que ser generosos con nuestros compañeros, pero ese asunto mejor lo dejamos para otra ocasión.

¡Feliz viernes a todos!

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